domingo, 24 de mayo de 2020

Pío Baroja

En la noche del 13 de mayo de 1904, en la tertulia que el dramaturgo gallego Ramón María del Valle-Inclán tenía en el Nuevo Café de Levante (calle Arenal 15 de Madrid), se discutía ardorosamente sobre cómo eran los españoles y las distintas clases de españoles que había.
 
La tertulia hervía. Allí estaba la flor y nata de los intelectuales de la Generación del 98 y los artistas más significados del momento, entre ellos, los pintores Ignacio Zuloaga, Gutiérrez Solana y Santiago Rusiñol; el escultor Mateo Inurria o el ilustrador Rafael Penagos; así como los escritores Miguel de Unamuno, Benito Pérez Galdós y Pío Baroja. En el fragor de la discusión, el vasco Baroja, tomó la palabra y dijo: “La verdad es que solo hay siete clases de españoles, a saber:
 
1) los que no saben,
2) los que no quieren saber,
3) los que odian el saber,
4) los que sufren por no saber,
5) los que aparentan que saben,
6) los que triunfan sin saber,
7) y los que viven gracias a que los demás no saben.
 
Unamuno y Pérez Galdós aplaudieron a Baroja, apreciando, sobre todo, el último de los siete puntos, donde —dijeron— se encuadran los que se autodenominan “políticos” e “intelectuales”.

 

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