Las islas Flannan son un pequeño archipiélago perteneciente a las islas Hébridas, al noroeste de Escocia, un lugar frío e inhóspito y, por supuesto, deshabitado.

En una de las Flannan, en Eilean Mòr, una roca rodeada de acantilados de más de 45 metros de altura contra los que el Atlántico bate sin cesar, había y hay un faro. El llamado faro de las Flannan. Antes se precisaban tres personas para manejarlo. Ahora que los faros ya no son necesarios para la navegación, lo mantienen funcionando de manera automática y a distancia por razones meramente sentimentales o estéticas.
Pues cuando al siglo XX le quedaban solo diez días para comenzar, en concreto, el 21 de diciembre de 1900, James Ducat, Thomas Marshall y Donald McArthur, los tres fareros que servían en la isla, desaparecieron.
Las primeras sospechas de que algo no andaba bien en Flannan se tuvieron el 15 de diciembre, cuando tras pasar por delante de la isla, un barco que venía desde Filadelfia hasta Leith, en Escocia, informó a la Autoridad de Faros del Norte (Northern Lighhouse Board) que el de Flannan estaba apagado a pesar de las extremadamente difíciles condiciones climáticas.
Conviene recordar que en aquella época, y ante la ausencia total de instrumentos de orientación electrónicos, los faros eran indispensables para la navegación marina, sobre todo, en condiciones de poca visibilidad y mal tiempo. La luz de los faros y las cartas marinas eran las herramientas con que contaban los barcos para no acercarse a las costas, donde podían chocar contra las rocas o encallar en aguas someras.
Cuando, por fin, el 26 de diciembre de 1900, el tiempo lo permitió, un barco llegó a la isla para investigar por qué el faro estaba apagado. La tripulación se sorprendió al ver que la bandera estaba arriada y que, a pesar de hacer sonar las sirenas y disparar alguna bengala, ninguno de los tres fareros se acercó para recibirlos.
La investigación no concluyó en nada. Es más, no se encontró ni una sola prueba desde la que iniciar una investigación. No había señales de violencia. Las luces del faro tenían combustible suficiente para funcionar, las camas estaban hechas, la cocina recogida y limpia, y el reloj de pared estaba parado. Los cuerpos de los tres fareros jamás fueron encontrados.
La prensa especuló con que fueron asesinados por piratas, comidos por aves marinas, secuestrados por espías de alguna nación enemiga o, incluso, arrebatados al espacio por alienígenas. También se habló de que podrían haber caído desde un acantilado tratando de asegurar una pequeña grúa que estaba en mal estado. Pero nada. La conclusión fue ninguna.
Lo único cierto es que ciento veinte años después del hecho, en 2020, nadie sabe qué paso ni dónde están o a dónde fueron, Ducat, Marshall y McArthur.

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