jueves, 1 de julio de 2021

Reseña de lectura. "Espejo de Claramonte", de Luis Miguel Rufino. Por Maribel González López.

Reseña de lectura, por Maribel González López.

Espejo de Claramonte, de Luis Miguel Rufino.

Novela editada por Torre de Lis, 2021


Se percibe ingenio en la ejecución de la trama y en la construcción de personajes, tanto protagonistas como Galera o secundarios como Midón, etc.

La sexualidad y el erotismo están presentes de manera palpable en la obra, esa aguda urgencia de lo carnal que aparece en la pag. 31, en la 112 aludiendo al aturdimiento del sexo posible o inmediato, los videos de Lacha, el encuentro con Selva, la masturbación de los dos jóvenes en la pag. 308 y así podríamos continuar.

Absoluto dominio de la técnica descriptiva desde la descripción minuciosa del cuerpo inerte de Lacha, las dependencias policiales, la de Koroma (pag. 217), la descripción del sombrero de Lola en la 349 serían algunos de los muchos ejemplos ilustrativos. Pero si hay que hacer especial énfasis en algo, sería en los innumerables matices del color, especialmente del verde: verde verja, verde jabón, verde veronés, verde Kelly, verde moco claro, verde esmeralda.

Original en el uso de imágenes, tanto en símiles como metáforas y otros tropos: la del mollete tostado en la pag. 47, el vestir como una secta en el despacho de abogados (105), el estrechar la mano de Mudarra pareciéndole un pez que llevara dos días muerto, una agonía de novillo en plaza de toros de tercera y un elevado e ingenioso repertorio.

El sentido del humor y la ironía tienen una presencia explícita en la obra: la imagen del Audi de la policía (pag. 79), el pen drive de la poli (87), Fustero y su olor (127), en la 197 alude a los primates: un gorila de montaña y un papión del desierto, los talibanes del pedal (355).

El autor es observador y conocedor de la geografía sevillana, de sus barrios y sus gentes: Puerta de Jerez, calle San Francisco, Heliópolis, Alameda de Hércules y reitera eso de “fino y frío como dicen que es el carácter de los sevillanos”.

El lenguaje se enriquece con un cambio de registros, según lo requiera cada situación: coloquial con las hermanas Ibarburen; llega a  ser soez cuando hablan Galera y Baselga, acudiendo a los tacos o ser muy culto, como en la descripción de Viola.

Sentido crítico al referirse a la jerga administrativa del XIX que aún impera. La Junta imponiendo su manera de hablar hueca también en la policía, la crítica a la diplomacia, al arte contemporáneo, etc.

Escrupulosa precisión perfilada en horarios (la campanita del chalé sonó a las 17:40) y el nombre con los dos apellidos de los personajes.

Resulta significativo como el protagonismo femenino en su mayoría está formado por mujeres desquiciadas, superficiales, con trastorno de personalidad, apareciendo en situaciones de poder, incluso llevando una doble vida. Hay quien ha visto en Celeste a Carmina Ordóñez o Marta Chavarri. Sin embargo el hombre es sumiso, deja que ellas tengan la fuerza: la denuncia falsa de Mudarra, ese maltrato masculino.

En definitiva versa sobre la esencia del ser humano, los distintos tipos de yo que poseemos y que nos pueden llevar a perder el control de nosotros mismos.

Sorprendente final que representa la venganza de Rita sobre Galera (por dejarse embaucar por una Lacha ya muerta).

Las citas que aparecen al inicio de cada capítulo son inequívocas, selección perfecta, muy acertadas.

viernes, 19 de febrero de 2021

Al pie de una foto antigua

19.2.17
Un relato corto al pie de una foto antigua. Sin fecha:

«Lon Simmons, minero en la región carbonífera del sur de Indiana, quiere regalar a sus hijos. Simmons lleva sin trabajo desde el pasado abril y tiene tuberculosis. Los médicos dicen que es dudoso que pueda volver a trabajar. 
"No puedo ganarme la vida y sacar a mis hijos adelante", dice Simmons. "Preferiría que tuvieran una buena casa con comida en abundancia y calor, así como la posibilidad de ir a la escuela, mejor que vivir aquí y ver cómo me voy muriendo poco a poco."
En la foto, Simmons con su hijos y su anciana madre.»

Sostiene Pereira

19.2.18
Esta tarde he terminado la novela "Sostiene Pereira", 1994, del escritor italiano Antonio Tabucchi. La trama transcurre en Lisboa, en 1938, y trata de cómo un hombre mayor y enfermo cambia cuando cree que ha llegado el momento de cambiar.
La novela empieza con bastante parsimonia, como si no tuviera prisa por avanzar, incluso se llega a hacer premiosa, hasta que en el último tercio, la acción se vuelve trepidante y se resuelve magistralmente en poquísimas páginas.
Hay una peli homónima protagonizada por el maestro Mastroianni.

sábado, 6 de febrero de 2021

Hidato

Hay que ver. Uno llega a los sitios más placenteros por los caminos menos esperados.
1) Resulta que un buen amigo comparte en un grupo de wasap la edición en pdf de El País de hoy sábado con la intención de que leamos un artículo titulado "El triunfo de la filosofía del espíritu".
2) El temblor de rodillas se apodera de mí en cuanto leo el título. Tras los dos primeros párrafos compruebo que tengo algo de fiebre y bastante agitación interior.
3) Al ser un gran fan de mi actual y excelente estado de salud, ceso inmediatamente en mi loable intención de leer el artículo con tanto cariño recomendado.
4) Los síntomas físicos desaparecen a los pocos minutos.
5) Como hace años que no compro El País los sábados (ni ningún otro día de la semana), a pesar de que durante decenios fui un habitual, me dedico a ojearlo (u hojearlo, que ambas valen).
6) Compruebo lo increíble de su oferta informativa y cultural. Tan extensa. De todo tipo. Admirable.
7) Me vuelvo a sorprender de la cantidad de gente que escribe en un periódico cada día, sobre los temas más diversos, de lo difícil que debe de ser coordinarlos a todos, y me parece mágico o increíble que se pueda sacar un periódico cada día.
8) (Esto me cuesta un poco confesarlo). Debido a que soy un enorme aficionado a los sudokus, me paro en las páginas de pasatiempos, desdeñando tanta cultura y tanta información tan bien escrita y tan bien coordinada.
9) Y es justo ahí donde descubro, es decir, veo por primera vez en mi vida algo llamado Hidato.
10) Leo las escuetas instrucciones sobre la forma de resolverlo y me pongo a ello.
11) Es un pasatiempos difícil y quizás por eso me cautiva. Me doy cuenta de que no puedo resolverlo mentalmente. Me voy a la impresora e imprimo la página. Cojo lapiz y goma, como cuando el colegio.
12) Y lo intento. Y lo intento. Y lo intento. Y lo intento.
13) Y al final lo consigo (mi condición de maño sigue estando por ahí escondida).
14) Creo que he descubierto una maravilla: el Hidato. Voy a aparcar por ahora los sudokus catalogados de "muy difícil".
15) Reto y disfrute asegurados. Pruebe y compare. Aunque tenga que comprar El País.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Un micro de Luis Mateo Díez

La carta.

Todas las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el portafolios y, antes de comenzar la tarea diaria, escribo una línea en la larga carta donde, desde hace catorce años, explico minuciosamente las razones de mi suicidio.

domingo, 15 de noviembre de 2020

Gambito de dama

Aprendí a jugar al ajedrez con mi abuelo, que, pasados los años, empezó a llevar muy mal que, alguna que otra vez, muy pocas, le ganase (igual porque se dejaba ganar). De ahí pasé a jugar con mis hijos.
 
Aquello duró hasta que los niños crecieron lo suficiente como para darse cuenta de que yo también me dejaba ganar y decidieron preferir otros esparcimientos más acordes con sus gustos. Sin embargo, la breve incursión en el ajedrez sirvió para conservar aún hoy algún recuerdo divertido y tierno, como el hecho de que uno de mis hijos, cuando se le decía «Jaque mate», contestaba «Pues yo no me rindo».
 
El que tenga Netflix y algo de tiempo para la expansión y el relajo, que se vea esta serie, por favor. No se va a arrepentir.
Aunque no le guste el ajedrez.
Aunque no sepa jugar al ajedrez.

sábado, 12 de septiembre de 2020

Sobre negros

La otra mañana, por primera vez, me fijé en varias losas de mármol con inscripciones que hay en la base del monumento a la Inmaculada, en la plaza del Triunfo de Sevilla.
 
No encontré ninguna fecha en los mármoles, pero aunque esa plaza fue construida a principios del siglo XX, las losas deben de ser de bastante antes (calculo que como del XVII o XVIII, aunque no tengo ningún criterio).
 
El texto es el siguiente: «El conde de Salvatierra, Juan de Vargas Sotomayor, los negros Molina y Moreno, Gonzalo de Ocampo, D. Enrique de Guzmán, Gonzalo Núñez de Sepúlveda, el cardenal Cienfuegos, el cardenal Spínola, el padre Juan Bautista Moga, S. J.».
 
Me llamó la atención que entre tanto apellido noble y tanto alto clero, se nombrara a «los negros Molina y Moreno», lo que implica que debían de ser exesclavos venidos a más que habían colaborado para erigir cualquiera que fuese el monumento que se conmemoraba con esos mármoles.
 
He leído que, hacia 1565, los negros en Sevilla suponían casi un 10 % de la población total. Incluso Cervantes dejó escrito que Sevilla «parecía un tablero de ajedrez».
 
Eran los tiempos en que la ciudad era una urbe radicalmente cosmopolita, donde convivían personas llegadas de los más remotos lugares del mundo, gracias a un puerto extraordinariamente dinámico y al comercio con América.
 
Es también curioso el detalle de que, como cien años antes del descubrimiento de América, a finales del siglo XIV (1393), en Sevilla se fundara la cofradía llamada de Los Negros, que aún hoy procesiona los Jueves Santos por la ciudad y a la que todo el mundo conoce por el nombre de Los Negritos.