El taxista de La Habana le va hablando a su cliente española sentada en el asiento de atrás, mientras conduce por la ciudad. Ella guarda silencio todo el tiempo. En un momento dado del soliloquio, Francis Cabrera Hardy define lo que entiende por placer carnal.
"... Y las gringas, ni gritar saben. Una vez oí decir en el
güito que la mayoría de ellas no se ha corrido nunca con un hombre [...] Dicen que se ponen nerviosas y que
no enfocan la energía de
su cerebro hacia el gusto que les ha de salir de dentro de la carne, para luego
expandirse por el cuerpo, por la médula de los huesos, por los músculos,
viajando con la sangre por las venas hasta llegar al cerebro para acabar
llenándolo de nubes… que es lo que hay que hacer. Son poco animales para
el sexo. No como las caribe. Las mujeres caribe son grandes chingadoras, desde
pequeñas, aun sin haberlo hecho, ya saben hacerlo, no sé por qué será…"
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