martes, 18 de diciembre de 2018

For no one

Una canción compuesta en 1966 por Paul McCartney.
La grabó a solas con Ringo y un trompa contratado. Ni Lennon ni Harrison cantan o tocan en ella.
Aquí una versión de la mezzo soprano sueca Anne Sofie von Otter y Elvis Costello.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Taxi driver

 
Taxi Driver (1976), dirigida por Martin Scorsese y escrita por Paul Schrader.

"The sane driver is always ready for the unexpected" («El conductor sensato está siempre preparado para lo inesperado»)

Es lo que pone en un gran cartel en la pared de la central de taxis a la que acude Travis Bickle para recoger el suyo y empezar una de sus larguísimas jornadas de trabajo.

"Sane" significa "mentalmente sano" y no es fácil de traducir en una sola palabra en este contexto, ya que se usa con doble sentido. Parece como si Scorsese te estuviera preparando para lo que te va a tocar ver.

Sugiero a quien no la haya visto que la vea y a los que sí, que reincidan.

#multireincidente
#Youtalkingtome
#ShitIamwaitingforthesuntoshine

Entrevista de Félix Machuca en ABC. Premio de Relato Ciudad de Sevilla



Luis Miguel Rufino: «La ficción es la que nos mantiene vivos y a Sevilla le cabe cualquier ficción»

Acaba de ganar la III edición del premio Ciudad de Sevilla de relatos cortos. No es el primer reconocimiento

Félix Machuca
Sevilla
Actualizado:17/12/2018 08:06h0

P. «Verde veronés» es el título del relato ganador que lo trae a los papeles. Qué lejos ese color del azul Murillo de Sevilla ¿no?
R. Sevilla es polícroma y la podemos identificar con muchos colores. Verde veronés tiene que ver con mi pretensión de que cuando escribo el texto se llene de colores, olores y sabores. Para mí los colores siempre llevan un apellido.
P. En cualquier caso su relato es una ficción sobre una Sevilla que también es muy ficticia. ¿Hay algo de verdad en esta ciudad?
R. Por supuesto. Hay mucha verdad y también mucho atrezo. Conviven con una maestría que en pocos sitios se consiguen.
P. Su relato parte de dos hechos extraordinarios que cambian el pulso de la ciudad: el traslado de la Agencia Europea del Medicamento a Sevilla y la llegada de empresas que abandonan Cataluña por el procés. Me encantaría que fuera así…
R. Y a mí. Pero lo que precisamente toco en el relato es que el cosmopolitismo y la riqueza que traerían a la ciudad no necesariamente tendrían que ser buenos para cierta manera de vivir.
P.¿Usted firmaría, si en su mano estuviera, un golpe de suerte como el de su relato?
R. Sí. Fundamentalmente porque nos llevaría a la Sevilla que alguna vez fue puerto y puerta del mundo.
P. Ha vivido en Miami, Londres, París y ha tenido la oportunidad de vivir en metrópolis súper desarrolladas. Pero parece que Sevilla tiene un color especial.
R. Para mí ha sido una alegría y una fuente de experiencia y aprendizaje haber vivido en ciudades tan ricas y cosmopolitas. Pero elegí volver a vivir en Sevilla de forma deliberada.
P.¿Conoce ese refrán que dice pueblo pequeño, infierno grande?
R. Lo conozco y lo suscribo. De pequeño pasaba los veranos en un pueblo y para mi era muy chocante aquel infierno pequeño donde vivía.
P. El paro nos come. La industria no existe. Y al turismo se le ataca. Esta ciudad es difícil de digerir…
R. Hacer industria de un día para otro es muy difícil. Nos falta cultura industrial. Sin embargo, por ser lo que somos histórica y artísticamente tenemos hecha la industria turística casi sin querer. Sería tonto despreciar el turismo cuando es casi lo único que tenemos.
P.¿Le molestan los chinos, los veladores y el carril bici?
R. No, en absoluto. Me molestan los malos modos de algunos ciclistas y la mala educación de algunos turistas. Pero eso va en el pack.
P. Me temo que no es nada rancio pero que hay cosas del más hondo estilo rancio que no le disgustan.
R. No sé cómo será ser rancio en Lérida. Pero serlo en Sevilla puede tener derivaciones aprovechables.
P. ¿Qué prefiere un gastro bar o una taberna de serrín y cabezas de gambas en el suelo?
R. Según y cómo. Las gambas en el suelo no me gustan. Y en los gastrobares a veces me aburro. Sin embargo disfruto comiendo de una y otra forma.
P. ¿Por qué la ciudad sigue dando más poetas y pintores que empresarios?
R. Creo que el escenario histórico y la naturaleza desbordante del paisaje y del paisanaje hace que sea más normal y natural ser poeta, pintor y músico. No quiero entrar en las formas en las que se enseñan estas materias.
P.  Usted dejó el mundo de la empresa por el de la Universidad. ¿Qué ha aprendido dando clases?
R. La empresa nunca la he dejado del todo. De la universidad o de las escuelas de negocio he aprendido dos cosas fundamentalmente: que siempre tienes que estar actualizado y conviene mucho estar cerca de la gente joven para impregnarse de sus valores.
P.  Los indicadores muestran que nuestros universitarios prefieren el funcionariado que el emprendimiento. Yo mantengo que la capitalidad andaluza nos hizo mucho daño…
R. La proporción de empleados públicos sobre los empleados totales en nuestra ciudad es desmesurada. Comparada con otras ciudades. Sin embargo, esa tendencia al funcionariado ha cambiado dramáticamente en los últimos diez años por culpa de la crisis económica.
P. ¿Que Abengoa quebrara, que Airbus vuele bajo y que la Cartuja no sea el centro de I+D+i que se soñaba nos da para otra ficción literaria en la que Sevilla sea lo que es hoy?
R. Uffff. La ficción es lo que nos mantiene vivos. Y a Sevilla le cabe cualquier ficción.
Entre naranjos
Los recuerdos son de un patio de los Naranjos donde, de la mano paterna o del abuelo, se abisma en preguntas sobre el colosalismo histórico. Aquel recuerdo le abraza a este escenario. Es profesor de Dirección de estrategia y de la Innovación y el Cambio. Economista, trabajó en General Motors. Ha vivido en Paris, Londres y Nueva York. Y cree que Sevilla comienza a perder el tamaño ideal. Tras su formación, siempre estarán el amor a los clásicos descubiertos en bachiller y las aventuras de Tintín. Le encanta pasear por la ciudad y mira con reserva su ombliguismo. Si le ven tocar la guitarra por Simon y Garfúnkel es posible que borde «The boxer»…


domingo, 16 de diciembre de 2018

Álvaro Cunqueiro

Tengo un libro editado por un banco en 1981. Aquella entidad, hoy desaparecida, tuvo la original o peregrina idea de regalar un libro de cuentos como propagada para sus clientes. Quien tan civilizada publicidad compraba es o fue el Banco de Crédito e Inversiones. 

El libro se llama «Historias gallegas» y su autor es don Álvaro Cunqueiro (1911-1981). Me lo regaló mi hermano Javier y creo que a él se lo regaló nuestro abuelo Salvador que, por desgracia, fue hombre de mucho tener que pasearse por los bancos.

En él se recopilan —sin cariño, muy mal editadas, todo hay que decirlo— unas 70 u 80 historias cortísimas cuyos protagonistas son, cómo no, personajes gallegos. Cada historia, incluyendo un dibujo generoso al principio y otro pequeño a modo de cierre, ocupa solo una página, por delante y por detrás, en un formato de bolsillo de los pequeños y con letra enana.

(Creo que ya hablé de este libro una vez por aquí, cuando copié el mejor de todos los que lo integran, una historia de amor, o de no amor, titulada «Tristán García», pero es que lo tengo siempre a mano y, de vez en cuando, le pego un tiento.)

La estructura de cada relato es, prácticamente, la descripción de un personaje, otra más somera de quien le acompaña o se le enfrenta y una levísima y cortísima trama. Tras esto, la historia gallega queda concluida sin que uno se quede insatisfecho o se eche algo en falta.

Si no todas, que puede que sí, que lo sean todas, la mayoría de estas historias son deliciosas, claras y simples, y tienen la virtud de transportarte a esa tierra que tan lejos nos queda a nosotros, a sus brumas, su paleta de verdes, sus carballos, sus outeiros y sus meigas.

Me permito copiar aquí la maestría que gasta Cunqueiro al describir a un personaje en un solo párrafo, despachándose con lo mínimo. Lleva por título «Justina Conde».

«Según contaba, había estado en Buenos Aires en casa de un italiano, en calidad de ama de llaves, muy bien tratada por un amo respetuoso, con mucha comida de pasta con tomate, arroz a la milanesa y helados variados. El italiano, en los ratos libres tocaba el violín y le daba de comer a los dos canarios que tenía. Era dueño de un laboratorio. Era un hombre tranquilo, con grandes bigotes negros, muy arrellanado en su butacón, esperando que le dijesen que la comida estaba lista. A veces hablaba por teléfono con su familia, de Sicilia, preguntando por el tiempo que hacía allí.»

domingo, 2 de diciembre de 2018

Arte contemporáneo

En la mayoría de los casos, los niños saben detectar dónde está lo interesante y dónde la farfolla.

Museo de Arte Moderno de San Francisco, 1963.
Autor de la foto
desconocido.