martes, 12 de diciembre de 2017

Un micro sin título inspirado en una foto

Tengo cincuenta primos. Primos hermanos. No todos vivos, por desgracia. Cada uno un mundo, cada mundo con su atractivo que, por suerte, es mucho. Me encanta todo lo que me aportan mis primos. Uno en concreto, uno de los mejores que tengo, está hoy en El Barco de Ávila y me manda esta foto porque se acuerda. Qué grande eres, Jesús Rus.

«Es, o era, la mejor amiga de una tía abuela mía. En 1915, a los veintiuno, cogió un barco en Cádiz para reunirse con su novio que la esperaba en La Habana. Allí iban a casarse y a establecerse. El barco náufragó, puede que por culpa de un torpedo de un submarino del káiser alemán, no se sabe con certeza. El caso es que ella desapareció en el Atlántico. De su novio nadie volvió a tener noticias en España.»

lunes, 27 de noviembre de 2017

La ayuda del Este al proceso independentista catalán




El 12 de octubre de 2017, muere el capitán Borja Aybar, 34 años, al ir a aterrizar en la base de Los Llanos, Albacete, a bordo del Eurofighter que pilotaba tras participar en el desfile del Día de la Fuerzas Armadas en Madrid. Las razones del accidente no se han hecho públicas.

Cinco días después, el 17 de octubre de 2017, muere el teniente Fernando Pérez Serrano, 26 años, piloto de caza del Ala 12, al despegar con su F18 en la base de en Torrejon de Ardoz, Madrid. Las razones del accidente no se han hecho públicas.

Treinta y dos días después, el 18 de noviembre de 2017, muere el fiscal general del Estado, José Manuel Maza, 66 años, de una súbita infección masiva en los riñones.

Nueve días después, el 27 de noviembre de 2017, muere el fiscal general de Cataluña, José María Romero, 69 años, de una súbita infección masiva en los pulmones.

Los dos oficiales eran parte de la élite del Ejército del Aire español. Los dos fiscales adoptaron valientes decisiones contra la rebelión independentista en Cataluña.

Merecería la pena hacer un análisis serio sobre las amenzas y los avisos en relación con los acontecimientos achacables a la mera casualidad o al azar. Creo que la ocurrencia de cuatro sucesos análogos, si no idénticos, en un plazo de tiempo muy corto, con cuatro víctimas exactamente iguales dos a dos (pilotos de caza y fiscales generales), sucesos que jamás se habían dado antes en la historia de esa misma manera, es un aviso, un "¡oye, tú!" de quien comete el acto y no quiere que se sepa que lo ha cometido, pero a la vez, sí quiere que te des por enterado de que está ahí. Algo similar a lo que se hacía a principios del siglo pasado, cuando los crímenes y desmanes que ocurrieron a mansalva en la comarca de Jerez de la Frontera siempre iban firmados por "La mano negra". 

Muy del Este.

martes, 7 de febrero de 2017

"Tristán García", un microrrelato de Álvaro Cunqueiro

"Tristán García", un precioso micro relato de Álvaro Cunqueiro, con el que una vez asistí al espectáculo de ver como alguien que lo leía en voz alta, muy animado, se conmovía y rompía a llorar justo en las últimas líneas. Debe de ser lo que algunos llaman la magia de la escritura.


TRISTÁN GARCÍA

"Este Tristán del que hablo nunca se supo por qué le habían puesto este nombre en el sacramento de bautismo, ni conocía a nadie que se llamase como él.

Un tío suyo que trabajaba de camarero en un restaurante muy famoso de Lisboa, le decía que en Portugal conocía a dos o tres caballeros de ese nombre, y que todos ellos eran ricos. Tristán fue a cumplir el servicio militar a León, y allí, un día, en un quiosco, compró por dos reales, "La verdadera historia de los amantes Tristán e Isolda" con los enamorados muy abrazados en la portada del folletín. Al fin iba a saber quien había sido aquel Tristán cuyo nombre llevaba. Cuando llegó al final de la historia, con la muerte de ambos enamorados, Tristán García vertió unas lágrimas. Y desde aquel día le dio por cavilar que andando él por el mundo conocía a una mujer llamada Isolda, y se gustaban, y se hacían novios, y se casaban, y vivían muy felices en Viana do Bolo, de donde Tristán era natural. A todos sus compañeros del Regimiento de Burgos nº 38, les preguntaba si por un casual habría en su pueblo una muchacha que se llamase Isolda. No la había. Había alguna Isolina suelta, pero Isolina no era lo mismo que Isolda. Tristán se dolía de no dar con esa Isolda, porque si no la encontraba ahora en León, donde había tantas familias, no la iba a encontrar en Viana do Bolo, trabajando en el campo. Un día lo mandó llamar un sargento llamado Recuero.

- ¿Tú eres ése que anda con la manía de encontrar una mujer llamada Isolda?

- Sí, señor.

- Pues en Venta de Baños hay una viuda con ese nombre.

- ¿Joven o vieja?

- No sé, creo que es churrera.

Tanto se le había metido en el magín a nuestro Tristán la novela famosa, que no pudo dudar de que aquella Isolda de Venta de Baños fuese joven y hermosa. En todo caso, si era vieja, tendría una hija o una sobrina que la siguiese en el nombre, y si era churrera como ella podía seguir con el negocio en Orense o en Viana, donde ya era hora que diesen en los bares chocolate con churros. Le dieron un permiso a Tristán, y con los veinte pesos que tenía ahorrados cogió en León el tren para Venta de Baños. Ya en aquel empalme preguntó por la churrería de Isolda. La churrería estaba cerca de la estación. Y la señora Isolda era aquella que estaba envolviendo unos churros a un cura. Era una viejecita con el pelo blanco, hermosos ojos negros, la piel tersa, las manos muy graciosas poniendo los churros en el papel de estraza y espolvoreando azúcar por encima. Tristán dudó entre hablar con ella o no, pero ya llevaba gastadas cuarenta y siete pesetas en el billete de ida y vuelta.

- ¡Buenos días! ¿Usted es la señora Isolda?

- ¡Servidora!, le respondió la viejecita, sonriéndole.

- ¡Es que yo soy Tristán y venía a conocerla!

La viejecita cerró los ojos, y se agarró al mostrador para no caerse. Lágrimas rodaban por sus mejillas.

- ¡Tristán! ¡Tristán querido!, pudo decir al fin. ¡Toda mi juventud esperando conocer a un muchacho que se llamase Tristán! ¡Y como no aparecía, me casé con un tal Ismael, que era de Madrid!

Tristán saludó militarmente, y despacio se volvió a la estación a esperar el primer tren para León. Cuando éste llegó y Tristan subía al vagón de tercera, apareció la señora Isolda, con un paquete de churros. Se lo dio a Tristán y le besó la mano. No se dijeron nada.

Cosas así sólo pasan en los grandes amores".

Álvaro Cunqueiro (1911-1981) fue un novelista, poeta, dramaturgo, periodista y gastrónomo español, considerado uno de los grandes autores gallegos, tanto en gallego como en castellano.